Según vengo leyendo, el desinterés de las chicas por la programación, la robótica y la tecnología en general radica en causas culturales, una cuestión de costumbre, vamos. No es una conclusión a la que haya yo llegado por mí mismo, pero creo que tiene sentido. Los “friquis” de las series de televisión siempre son chicos jóvenes , y no tan jóvenes. Los videojuegos casi siempre se hacen pensando en un público joven masculino. Y por lo visto tradicionalmente eran niños varones (y de raza blanca) los que aparecían en las fotos de las cajas de los productos de LEGO más orientados a la mecánica y la tecnología. Afortunadamente esto está cambiando, pero hay trabajo por hacer.

 

Las cosas no siempre fueron así. Por extraño que parezca, en los orígenes de la era de la computación, las protagonistas eran a menudo mujeres. Ada Lovelance, la hija de Lord Byron, fue una de las precursoras. Tiempo después, en Harvard decidieron contratar a un grupo de mujeres para hacer una clasificación de las estrellas. A pesar de que el motivo de su contratación era el económico, el proyecto resultó ser un éxito. Como hoy en día, a igualdad de méritos y capacidades, las mujeres percibían un salario inferior.

 

Hasta los años ochenta el número de mujeres que se dedicaban profesionalmente a la tecnología era relativamente cercano al de los hombres. Desde entonces ha habido algunos ligeros cambios de tendencia pero,  según reflejan informes recientes, cada vez menos chicas se matriculan en carreras de tecnología. Como decía, la influencia de los medios, la publicidad, el cine, y la creencia social les lleva a asumir que las ingenierías y las carreras tecnológicas son cosas de chicos listos con acné  y gafas. Muchas chicas al parecer se muestran interesadas entonces por las profesiones que podemos asociar más fácilmente con el servicio a a la sociedad, en el sentido amplio. La medicina, la veterinaria, la biología, las humanidades, etc.

 

Que la vocación de las chicas se aleje de la tecnología, de las ciencias, y de las ingenierías es un DESPERDICIO intelectual que no debemos permitir. Creo que cualquiera que haya dado clases de robótica en grupos mixtos se habrá dado cuenta de que las niñas son al menos tan competentes como los niños. Y además demuestran, por lo menos en ciertas edades, tener más capacidad de esfuerzo, de concentración y de organización del trabajo que los niños de su misma edad. No diré más.

 

Esta semana he visto en TED un vídeo que quiero compartir, por lo motivador que puede resultarle especialmente a ellas. Trata de robótica, esa “cosa de chicos”, pero aplicada a un objetivo de interés para la humanidad. No está aún traducido al castellano, pero se puede seguir con subtítulos en inglés. Espero que te resulte tan interesante como a mí.

 

 

 

 

 

 

 

Hace poco escuchaba contar a un profesor que en su instituto habían estado dos años utilizando Scratch para enseñar  programación a sus alumnos de secundaria. No sólo los chicos y chicas no habían aprendido casi nada, sino que estaban absolutamente hartos de Scratch, y de la programación en general.

Las nuevas materias que ya se imparten en algunos centros, como la programación y la robótica, pueden convertirse en un infierno para los profesores que no tienen  experiencia en ese campo, y que aún son la mayoría. Esa lógica falta de confianza hace que los profesores se sientan más cómodos aplicando guías muy dirigidas, que dejan poco margen para que cada alumno lleve su propio ritmo, y profundice según sus propios intereses.

Creo que si se pretende enseñar programación y robótica, materias nada sencillas, aplicando el mismo método que se ha utilizado hasta ahora para enseñar Matemáticas o Lengua, ocurrirá lo mismo que le sucedió a los alumnos de Scratch del instituto del que hablaba al principio,, lo odiarán, o al menos les aburrirá.

Yo soy de la opinión de que debería hacerse precisamente lo contrario. Se debería empezar por fijar el objetivo de formar a los profesores para que conozcan la materia al hasta un nivel mínimo que les permita tener la confianza suficiente como para no sentir el miedo al entrar en la clase de Scratch. Pero además se debería aprovechar la aparición de estas nuevas disciplinas para comenzar de una vez a descentralizar el protagonismo en el maestro, y poner más atención en lo importante, que es que los alumnos aprendan y se sientan motivados.

Sugiero comenzar a utilizar Scratch de una forma más amplia, como una herramienta, más que como un fin en sí. Scratch puede servir para contar historias, o para hacer presentaciones sencillas o más elaboradas, o para fabricar herramientas de aprendizaje como apoyo a otras materias del curso. Por ejemplo, programar un juego sencillo de preguntas y respuestas para que un grupo de alumnos evalúe a otros sobre sus conocimientos de Biología.

De esa manera los alumnos aprenderán equivocándose, que es la mejor forma de aprender, y el profesor podrá investigar con ellos, y descubrir con ellos, sin miedo a la presión de no ser un experto. Y seguro que el curso siguiente todo irá mucho mejor, para el profesor, y para sus alumnos.