La mejor manera de NO enseñar razonamiento computacional

Hace poco escuchaba contar a un profesor que en su instituto habían estado dos años utilizando Scratch para enseñar  programación a sus alumnos de secundaria. No sólo los chicos y chicas no habían aprendido casi nada, sino que estaban absolutamente hartos de Scratch, y de la programación en general.

Las nuevas materias que ya se imparten en algunos centros, como la programación y la robótica, pueden convertirse en un infierno para los profesores que no tienen  experiencia en ese campo, y que aún son la mayoría. Esa lógica falta de confianza hace que los profesores se sientan más cómodos aplicando guías muy dirigidas, que dejan poco margen para que cada alumno lleve su propio ritmo, y profundice según sus propios intereses.

Creo que si se pretende enseñar programación y robótica, materias nada sencillas, aplicando el mismo método que se ha utilizado hasta ahora para enseñar Matemáticas o Lengua, ocurrirá lo mismo que le sucedió a los alumnos de Scratch del instituto del que hablaba al principio,, lo odiarán, o al menos les aburrirá.

Yo soy de la opinión de que debería hacerse precisamente lo contrario. Se debería empezar por fijar el objetivo de formar a los profesores para que conozcan la materia al hasta un nivel mínimo que les permita tener la confianza suficiente como para no sentir el miedo al entrar en la clase de Scratch. Pero además se debería aprovechar la aparición de estas nuevas disciplinas para comenzar de una vez a descentralizar el protagonismo en el maestro, y poner más atención en lo importante, que es que los alumnos aprendan y se sientan motivados.

Sugiero comenzar a utilizar Scratch de una forma más amplia, como una herramienta, más que como un fin en sí. Scratch puede servir para contar historias, o para hacer presentaciones sencillas o más elaboradas, o para fabricar herramientas de aprendizaje como apoyo a otras materias del curso. Por ejemplo, programar un juego sencillo de preguntas y respuestas para que un grupo de alumnos evalúe a otros sobre sus conocimientos de Biología.

De esa manera los alumnos aprenderán equivocándose, que es la mejor forma de aprender, y el profesor podrá investigar con ellos, y descubrir con ellos, sin miedo a la presión de no ser un experto. Y seguro que el curso siguiente todo irá mucho mejor, para el profesor, y para sus alumnos.